¡TENIAMOS QUE PERDER!

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Cuando el editor me propuso escribir unas letras como prefacio de la re-edición del libro de ¡Teníamos que perder!, de García Pradas, no dudé en aceptar el guante para dicho trabajo. Una re-edición necesaria para seguir desentrañando, con todos los protagonistas y agentes en la mano, lo que fue la historia de la España republicana en los últimos días de la guerra. Y el libro viene en un momento importante. En los últimos años hemos asistido a la publicación de valiosos trabajos que han tratado de acercar el final de la República. Cabría destacar la obra que en 2009 publicaron los historiadores Ángel Viñas y Fernando Hernández Sánchez El desplome de la República (Crítica, Barcelona, 2009), coincidiendo con el 70 aniversario del final de la contienda. Un libro completo y muy documentado sobre el significado del final de la Guerra. Cuando se alcanzó el 75 aniversario del final de la Guerra aparecieron otros dos importantes trabajos. El catedrático de la Universidad Carlos III de Madrid, Ángel Bahamonde, publicó el libro Madrid, 1939. La conjura del coronel Casado (Cátedra, Madrid, 2014), centrado básicamente en los aspectos militares y la figura de Segismundo Casado. El profesor Paul Preston publicó El final de la Guerra. La última puñalda a la República (Debate, Barcelona, 2014), donde hace un pormenorizado análisis de las figuras fundamentales del final de la cotienda y del posicionamiento de las distintas organizaciones al conflicto. El libro de Preston tiene dos grandes virtudes. En primer lugar analiza los antecedentes que llevaron al final de la Guerra Civil, las fuertes disputas en el interior del bando republicano y los diversos focos de conflicto que se dieron en la débil España republicana en marzo de 1939. Por otra parte, Preston traza su libro en un análisis de tres figuras de aquel final: Juan Negrín, presidente del Gobierno de la Segunda República, Segismundo Casado, militar leal a la República pero ambicioso, y Julián Besteiro, una de las figuras más importantes del socialismo español en la década de 1910, 1920 y 1930. Sin embargo, lo que no se ha aboradado en ningún estudio monográfico o se deja en segundo plano subsidiario es el papel que los anarquistas jugaron en aquellos momentos. Quiza porque la complejidad del tema daría para un solo libro. Quiza porque algunos de los personajes que fueron protagonistas de aquellos sucesos en el campo libertario han quedado desdibujados con el paso del tiempo. José García Pradas fue uno de ellos.

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Cuando el editor me propuso escribir unas letras como prefacio de la re-edición del libro de ¡Teníamos que perder!, de García Pradas, no dudé en aceptar el guante para dicho trabajo. Una re-edición necesaria para seguir desentrañando, con todos los protagonistas y agentes en la mano, lo que fue la historia de la España republicana en los últimos días de la guerra. Y el libro viene en un momento importante. En los últimos años hemos asistido a la publicación de valiosos trabajos que han tratado de acercar el final de la República. Cabría destacar la obra que en 2009 publicaron los historiadores Ángel Viñas y Fernando Hernández Sánchez El desplome de la República (Crítica, Barcelona, 2009), coincidiendo con el 70 aniversario del final de la contienda. Un libro completo y muy documentado sobre el significado del final de la Guerra. Cuando se alcanzó el 75 aniversario del final de la Guerra aparecieron otros dos importantes trabajos. El catedrático de la Universidad Carlos III de Madrid, Ángel Bahamonde, publicó el libro Madrid, 1939. La conjura del coronel Casado (Cátedra, Madrid, 2014), centrado básicamente en los aspectos militares y la figura de Segismundo Casado. El profesor Paul Preston publicó El final de la Guerra. La última puñalda a la República (Debate, Barcelona, 2014), donde hace un pormenorizado análisis de las figuras fundamentales del final de la cotienda y del posicionamiento de las distintas organizaciones al conflicto. El libro de Preston tiene dos grandes virtudes. En primer lugar analiza los antecedentes que llevaron al final de la Guerra Civil, las fuertes disputas en el interior del bando republicano y los diversos focos de conflicto que se dieron en la débil España republicana en marzo de 1939. Por otra parte, Preston traza su libro en un análisis de tres figuras de aquel final: Juan Negrín, presidente del Gobierno de la Segunda República, Segismundo Casado, militar leal a la República pero ambicioso, y Julián Besteiro, una de las figuras más importantes del socialismo español en la década de 1910, 1920 y 1930. Sin embargo, lo que no se ha aboradado en ningún estudio monográfico o se deja en segundo plano subsidiario es el papel que los anarquistas jugaron en aquellos momentos. Quiza porque la complejidad del tema daría para un solo libro. Quiza porque algunos de los personajes que fueron protagonistas de aquellos sucesos en el campo libertario han quedado desdibujados con el paso del tiempo. José García Pradas fue uno de ellos.