La Corriente. El pensamiento antiautoritario

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Luis Andrés Edo pasaba largos años en prisión (1966-1972) y no sólo durante el franquismo, también en 1980, en plena transición, será durante más de un año preso gubernativo, sin acusación concreta alguna. En aquel año, en el Penal de Soria los presos realizan largos y acalorados debates. Los anarquistas son ya menos que los estalinistas del PCE y del PSUC, que se autodenominan comunistas. Como fruto de estos debates y como producto de una reflexión interior, Luis Andrés elabora este manuscrito, escrito en folios de papel cebolla y sacado clandestinamente de la cárcel gracias a la colaboración de Miguel García, también preso. Una reflexión del ser humano, su estar-actuar y su pensar, en el mundo y sobre el mundo. Sorprende, en primer lugar, como alguien que estaba encarcelado en sórdidas prisiones puede tener acceso a la consulta de diversos libros. Sin embargo, las cárceles son depositarias de una biblioteca realizada por los propios presos que desde hace mucho tiempo -durante el siglo XIX, antes de la 2ª República, en ella y también durante el franquismo- siguen la máxima de que cualquier libro que entra en la cárcel se queda en ella. Puede salir el preso en libertad o morir en la cárcel pero los libros se quedan en ella como patrimonio común de todos los presos. Esto, que continuara funcionando durante la transición, ha permitido que muchas cárceles tengan un importante fondo de libros hecho por los mismos presos. El libro se abre analizando el proceso de complejización del ser humano y el salto de éste a la reflexión, en la que es imprescindible que el pensar y el actuar sean producto de ésta y de cada uno de estos mamíferos pensantes. Mediante la acción, el ser humano cambia lo aparente; pero la acción por sí sola es un acto inconcluso, si no va acompañada por el pensamiento y da lugar, así, a la reflexión. Esto es lo que le puede permitir a los humanos progresar. La relación del individuo y la colectividad ha de quedar solucionada mediante «el subjetivismo libremente exteriorizado» que permite el libre poder de acción del individuo en el seno del Grupo, porque «un conjunto no es más que lo que sus integrantes quieren que sea». Si el individuo es inalienado se da lugar a un Grupo inalienable. Más si el individuo esta atomizado, aislado e impotente, es decir alienado, el Grupo no será más que la suma de objetos que da lugar a una sociedad autoritaria y alienada bajo el Estado y el Capital, en la que el Grupo esta supeditado al Sistema. Esta sociedad hace del estancamiento la constante de la historia y aún los modernos sistemas que tanta propaganda hacen de la libertad ficticia, pues no va más allá de la «libertad» de votar o de poder comprar si se tiene dinero y éste se ha convertido en bien escaso y fin máximo, no son sino «círculos cerrados» de un sistema jerárquico, burocrático y autoritario. El ser humano es tomado como ejemplo de la acción recíproca del efecto sobre la causa, lo que le hace quedar introducido en el proceso de desarrollo del mundo como concausa activa del mismo. Contrariamente al sentir mayoritario del pensamiento antiautoritario, se aboga en esta libro por la dialéctica como método que permite el progreso y el «pasaje a lo cualitativo», es decir, el movimiento de transformación social. Los que hasta ahora se han autoproclamado como dialécticos, y sin embargo están sujetos a un partido, sindicato o grupo jerárquico en el que las ordenes bajan de escalafón en escalafón, no son sino adialécticos y para ellos la dialéctica es una propaganda. En este sentido se aborda la crítica al marxismo, distinguiendo en primer lugar entre la obra de Marx, con todas las criticas que a ella se le deba y pueda hacer, de los que se reclaman marxistas y que han estancado el pensamiento de este, convirtiéndolo en propaganda justificativa de su manera de organizarse jerárquica y autoritariamente y, cuando han podido, tomando el poder y ejerciéndolo desde un Estado tan represivo como cualquier otro …

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Luis Andrés Edo pasaba largos años en prisión (1966-1972) y no sólo durante el franquismo, también en 1980, en plena transición, será durante más de un año preso gubernativo, sin acusación concreta alguna. En aquel año, en el Penal de Soria los presos realizan largos y acalorados debates. Los anarquistas son ya menos que los estalinistas del PCE y del PSUC, que se autodenominan comunistas. Como fruto de estos debates y como producto de una reflexión interior, Luis Andrés elabora este manuscrito, escrito en folios de papel cebolla y sacado clandestinamente de la cárcel gracias a la colaboración de Miguel García, también preso. Una reflexión del ser humano, su estar-actuar y su pensar, en el mundo y sobre el mundo. Sorprende, en primer lugar, como alguien que estaba encarcelado en sórdidas prisiones puede tener acceso a la consulta de diversos libros. Sin embargo, las cárceles son depositarias de una biblioteca realizada por los propios presos que desde hace mucho tiempo -durante el siglo XIX, antes de la 2ª República, en ella y también durante el franquismo- siguen la máxima de que cualquier libro que entra en la cárcel se queda en ella. Puede salir el preso en libertad o morir en la cárcel pero los libros se quedan en ella como patrimonio común de todos los presos. Esto, que continuara funcionando durante la transición, ha permitido que muchas cárceles tengan un importante fondo de libros hecho por los mismos presos. El libro se abre analizando el proceso de complejización del ser humano y el salto de éste a la reflexión, en la que es imprescindible que el pensar y el actuar sean producto de ésta y de cada uno de estos mamíferos pensantes. Mediante la acción, el ser humano cambia lo aparente; pero la acción por sí sola es un acto inconcluso, si no va acompañada por el pensamiento y da lugar, así, a la reflexión. Esto es lo que le puede permitir a los humanos progresar. La relación del individuo y la colectividad ha de quedar solucionada mediante «el subjetivismo libremente exteriorizado» que permite el libre poder de acción del individuo en el seno del Grupo, porque «un conjunto no es más que lo que sus integrantes quieren que sea». Si el individuo es inalienado se da lugar a un Grupo inalienable. Más si el individuo esta atomizado, aislado e impotente, es decir alienado, el Grupo no será más que la suma de objetos que da lugar a una sociedad autoritaria y alienada bajo el Estado y el Capital, en la que el Grupo esta supeditado al Sistema. Esta sociedad hace del estancamiento la constante de la historia y aún los modernos sistemas que tanta propaganda hacen de la libertad ficticia, pues no va más allá de la «libertad» de votar o de poder comprar si se tiene dinero y éste se ha convertido en bien escaso y fin máximo, no son sino «círculos cerrados» de un sistema jerárquico, burocrático y autoritario. El ser humano es tomado como ejemplo de la acción recíproca del efecto sobre la causa, lo que le hace quedar introducido en el proceso de desarrollo del mundo como concausa activa del mismo. Contrariamente al sentir mayoritario del pensamiento antiautoritario, se aboga en esta libro por la dialéctica como método que permite el progreso y el «pasaje a lo cualitativo», es decir, el movimiento de transformación social. Los que hasta ahora se han autoproclamado como dialécticos, y sin embargo están sujetos a un partido, sindicato o grupo jerárquico en el que las ordenes bajan de escalafón en escalafón, no son sino adialécticos y para ellos la dialéctica es una propaganda. En este sentido se aborda la crítica al marxismo, distinguiendo en primer lugar entre la obra de Marx, con todas las criticas que a ella se le deba y pueda hacer, de los que se reclaman marxistas y que han estancado el pensamiento de este, convirtiéndolo en propaganda justificativa de su manera de organizarse jerárquica y autoritariamente y, cuando han podido, tomando el poder y ejerciéndolo desde un Estado tan represivo como cualquier otro …

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