ENTRE EL SOL Y LA TORMENTA. Revolución, Guerra y Exilio de una Mujer Libre Sara Berenguer. eBook £1.50/€2.00 (see eBookshelf)

SaraBerenguer
Sara Berenguer Lahosa (Barcelona 1919 — Montady, France, 2010)

ENTRE EL SOL Y LA TORMENTA. Revolución, Guerra y Exilio de una Mujer Libre, Sara Berenguer Lahosa.

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El testimonio de una vida consagrada a pelear por la libertad, entre el sol y la tormenta es, a la vez, un documento excepcional que nos permite conocer mejor uno de los episodios más extraordinarios de la guerra civil española: la lucha de las mujeres libertarias. En aquellos momentos decisivos de la historia europea, estas mujeres salieron a la calle junto a sus compañeros para defender la República y la revolución social. Acabada la guerra, muchas de ellas continuaron trabajando por sus ideas en el exilio.

Sara Berenguer Lahosa nació en 1919, en la barcelonesa barriada de Poble Sec. Hija de obreros, cuando estalla la guerra civil, ocupará diversos cargos: comité revolucionario (CNT-FAI) del barrio de Les Corts y Comité Regional de Catalunya de las industrias de la edificación, madera y decoración (CNT-AIT). Actividades que alternó con su colaboración de maestra en el Ateneo Cultural de Les Corts y en las Juventudes Libertarias.

Mediada la guerra, se integró en la sección de combate del SIA (Solidaridad Internacional Antifascista). Formó parte de varias delegaciones de Mujeres Libres que visitaron a los milicianos del frente de Aragón, cerca de la línea de fuego y organizaron visitas a los hospitales de sangre; por último, fue secretaria de propaganda del Comité Regional de Mujeres Libres. A finales de enero de 1939 abandona Barcelona y parte al exilio –que duraría 37 años- por la frontera de los Pirineos. Poco después, su compañero se reuniría con ella y juntos militarían en la Resistencia.

La primera versión de este libro fue escrita en 1976, cuarenta años después de aquel 19 de julio de 1936 y fue publicada con el nombre de Entre el sol y la tormenta. Treinta y dos meses de guerra (1936-1939).

Ahora en 2004, a sus ochenta y cinco años, Sara ha querido revisar sus recuerdos, ampliando el tiempo y las palabras que guardaba en su memoria. Estas vivencias recorren las páginas de esta nueva edición que lleva el título de Entre el sol y la tormenta. Revolución, Guerra y Exilio de una mujer libre.

Después del esfuerzo y la ilusión de esta luchadora libertaria en completar sus memorias, la Fundación Salvador Seguí de Valencia se empeñó en su edición, en homenaje a esta mujer que sigue en la brecha a pesar de los años.

Como el titulo indica, el relato abarca en parte, su vida. Nació el 1° de enero de 1919 en Barcelona, en la barriada obrera de Poble Sec, en el seno de una familia anarquista. A los 13 años empieza a trabajar en un puesto del mercado, trabajo que abandona en protesta por el comportamiento machista de sus compañeros. Más tarde entra a trabajar en una casa de bordados de donde tuvo que irse por defender a las compañeras en un conflicto salarial. Ya en su adolescencia Sara se rebela contra la injusticia.

Pero fue realmente el 19 de julio de 1936 cuando toma conciencia de su rebeldía y humanismo, en aquel ensayo de revolución social, que dejó de ser una utopía para convertirse en realidad durante aquel corto periodo de esperanza. Ella misma lo dice en la introducción “Para la mayoría de las mujeres, sumisas e ignorantes, la revolución fue como un estallido de luz que nos vino a nosotras y nos abrió un camino, el cual hasta entonces habíamos tenido vedado”. A partir de ese momento será infatigable en su lucha por la Revolución.

Su padre que había sido un pacifista, ahora se incorpora a “Los Aguiluchos de Les Corts” y se dispone a marchar al frente para luchar contra la sublevación fascista del 18 de julio 1936. Ella quiere ir a combatir al frente, pero él frena sus impulsos. La acompaña al Comité Revolucionario de su barriada y le presenta a los compañeros: “Mi hija quiere participar en la revolución; creo que en algo podrá ser útil”; “Muy bien compañera”, dice Miret; “¿Qué sensación sentí! ¿Me llamaban compañera por vez primera! ¡Ya ferrriaba parte de ellos!”. A partir de ese momento participa en cuantas misiones puede, tomando responsabilidades hasta entonces reservadas a los hombres.

Cada vez se implica más en la lucha. Comienza a trabajar en el Comité Revolucionario de Les Corts (CNT-FAI), donde se ocupó de la secretaría. Colabora en el Comité Regional de las Industrias de la Edificación, Madera y Decoración, viviendo en un mundo de hombres que a veces no entiende y se rebela contra él.

Participa en las actividades culturales de las Juventudes Libertarias y da clases de cultura general en el Ateneo Libertario de la plaza de la Concordia, donde de acuerdo con sus ideas ácratas, es alumna v maestra a la vez. Sara nos cuenta: “Sólo fui a la escuela hasta los doce años. Enseñé lo que sabía a los que tenían menos conocimientos que yo.” De forma espontánea aplicó los principios de las Escuelas Racionalistas. “Percibía en mi la necesidad de una enseñanza libre, dando preferencia a las iniciativas de los alumnos…Juntos organizábamos los temas que debíamos estudiar cada noche”.

El relato de Sara, dentro de la escritura memorialística, podernos incluirlo en el apartado de memorias autobiográficas. No es sólo una relación de hechos, alrededor del yo héroe y sus hazañas durante la guerra civil y el exilio, como suelen ser las memorias escritas por los hombres de su generación. Es una escritura íntima, cotidiana, que a partir de su compromiso diario va analizando su pensamiento, los hechos que se sucedían vertiginosamente y que detalla minuciosamente, “para mí fue un tiempo de enriquecimiento, a pesar de las muchas dificultades en que me encontré. Me debatía entre la conciencia y la razón, la libertad de los demás y la mía. Entre el valor de la sencillez y la obstinación…” Y sigue diciendo en el mismo párrafo, reivindicando su lucha por la emancipación de la mujer obrera: “La ignorancia en que nos sumió a tantas mujeres los siglos de dominación burguesa, el machismo, las monarquías y las dictaduras”.

Escrito en primera persona, su yo individual no se esconde detrás de un pseudónimo, sino que afronta de frente sus palabras, describe sensaciones, emociones, sentimientos, hasta fundirse en un nosotros/as social y colectivo. Va de lo privado a lo público, con un lenguaje sencillo v directo, dice: “Mi combate en la revolución no fue singular ni pomposo. Fui algo así como una hormiga que va haciendo camino por entre los matorrales, en los que a cada instante pasa la hoz. Llenando vacíos aquí y allá…”

En la narración mezcla la efervescencia de la acción revolucionaria durante la guerra civil con la ternura de sus palabras cuando habla de su vida íntima, amorosa…

A través de su narración y de las diversas citas que incluye, tenemos un amplio conocimiento de los acontecimientos políticos y sociales que estaban ocurriendo en esos momentos.

A principios de 1938 se integra en la sección del combatiente de S.I.A. (Solidaridad Internacional Antifascista) y es allí bajo las bases del trabajo humano y solidario que colabora en el Consejo Nacional, visitando los hospitales de sangre, a los combatientes en el frente, etc. A veces la narración dramática de los hechos llega al lirismo encadenándose con una prosa poética: “…comprobé los regueros de sangre que corrían por las trincheras y los bosques ametrallados en los frentes de batalla, sembrados de cadáveres en una contienda sin tregua”.

En el capítulo IV incluye una amplia reseña de Mujeres Libres, sus estatutos, su pensamiento, actividades en las que participó desde la Federación Local,donde llegó a ser Secretaria de Propaganda y más tarde Secretaria del Comité Regional de Cataluña. Sara compartía el principio de Mujeres Libres de que lo más importante era incrementar la cultura de las mujeres que les ayudaría en el camino hacia su emancipación.

En el libro incluye algunas biografías de personas que para ella han sido representativas en la lucha por los ideales libertarios como Ramón Acín, Mercedes Comaposada, Lola Iturbe, Amparo Poch, Lucia Sánchez Saornil, Concha Pérez, etc.

En los últimos momentos de la contienda, ella insiste en combatir hasta el final, quiere ir a luchar con la 26 División e intenta movilizar a otras mujeres. Pero la guerra está perdida, los fascistas avanzan hacia Barcelona con la fuerza de las armas y Sara tiene que seguir el camino del exilio a pié por los Pirineos. Ella nos ilustra ese dramático camino con sus bellas palabras: “Nuestro grupo se componía de veintiuna compañeras, más el pequeño Germinal que nos propusimos llevar en brazos un rato cada una de nosotras, brazos que habían de servirle de cuna. La noche era negrísima, negra como todo lo que se presentaba ante nosotras. Decidimos andar en fila india por el borde de la carretera. De vez en cuando hacíamos un alto y nos llamábamos una a otra, para cercionarnos de que no faltaba ninguna. Paso a paso, arrastrando el miedo como si nos impidiera caminar, íbamos acercándonos hacia la frontera. Y mientras unos morían por los caminos, consumidos por las bombas y el frío, la Naturaleza dejaba su semilla. Antes de morir, ¡gozar de la vida! Pasión por la vida, encarando la muerte como el deseo violento de escapar de ella. El crepúsculo había dejado paso a la noche que había tendido su manto sin dejar aparecer ni una sola estrella en el cielo cubierto, que nos acompañara en nuestro peregrinar”

A la llegada a Francia, a muchos les esperaban los campos de concentración. Como lecho la arena de la playa, su techo las estrellas.

En el país vecino Sara estuvo activa en las organizaciones libertarias y participó en la resistencia contra la invasión nazi, junto con su compañero Jesús Guillén, en misiones arriesgadas.

Colaboradora entusiasta en la Colonia Española de Beziers, ofrecía su ayuda y su casa a los refugiados que venían de España. Dio clases por correspondencia en los cursos que organizaba el Comité Nacional del Movimiento Libertario en Francia.

En noviembre de 1964 renace en Londres la revista de Mujeres Libres con el nombre de Mujeres Libres. Portavoz de la Federación de Mujeres Libres de España en el Exilio en la que colabora. En diciembre de 1973 la redacción pasa a Montady y Sara forma parte del consejo de redacción escribiendo artículos y poemas.

Escritora infatigable, ha colaborado en diversas publicaciones como: A voz anarquista y A Batalha de Portugal; Tierra y Libertad de México; Boletín de la 26 División y Evocación de Francia; La Escuela Moderna de Canadá; Ruta de Venezuela; L’Enciclopedic y Polémica de Barcelona y El Noi de la Fundación Salvador Seguí de Valencia, entre otras.

Sara plasma su mundo interior en poemas que hablan de flores, de solidaridad, de fraternidad, de libertad, de amor. Es en 1974 cuando comienza a publicar sus poemas y relatos, en catalán, francés o español, por los que ha recibido diversos premios.

En octubre de 1998 el Gobierno Francés le concedió la Legión de Honor por sus actividades en la resistencia contra el fascismo, sus trabajos a favor de las mujeres y sus actividades desde 1947 en la Colonia Española de Beziers.

En el día de hoy sigue activa con su ideal libertario, colaborando en cuantos proyectos solicitan su ayuda. Su sonrisa a flor de piel y su calida mirada siempre nos reciben fraternalmente en su hogar de la Plaine des Astres.

Pilar Molina Fundación Salvador Seguí de Valencia

 

SARA BERENGUER — La sonrisa fértil

Quiero advertir al lector / a que este libro es el testimonio de una joven obrera, a la que el levantamiento militar del 18 de julio de 1936 convierte en activa militante. Voluntariosa y obstinada, se entrega con entusiasmo a «ser útil a la revolución».

Con la revolución social nacida del fracaso de la sublevación militar, en las dos terceras partes del país, en la zona republicana estalla un sentimiento apasionado de lucha, de todo un pueblo, en defensa de sus fundamentales derechos cívicos, mas exaltado por el fantasma del fascismo que se está adueñando de Europa. En la primera línea forman legiones de adolescentes de ambos sexos. Jóvenes cuya edad cronológica no se corresponde con la madurez y el sentido de la responsabilidad que, de la noche a la mañana, se manifiesta en los comités y grupos de acción surgidos de la clase trabajadora, tratando de acelerar un proceso histórico, sin posibilidad de ensayos previos. Sara Berenguer pertenece a esa generación de adultos precoces.

Sara nació en la barcelonesa barriada del Poble Sec, al levantar el vuelo el año 1919, en el seno de una familia obrera de extracción libertaria. Su vida escolar fue muy corta. La mayor de cinco hermanos, empezó a trabajar a los 13 años. Una tarima de carnicería fue su primer puesto de observación de la nada halagüeña existencia de la mujer obrera. Empezaba su trabajo a las seis de la mañana y a tan temprana hora tenía que sacar los pesados fardos con las piezas de carne del frigorífico y transportarlos a la parada, puesto de venta. Por aquellos largos y sombríos pasillos de las cámaras frigoríficas que se encontraban al exterior del mercado, tuvo que aprender a zafarse de los bruta

les instintos de los hombres, de manos procaces dispuestas a sobar sus incipientes y frágiles formas de adolescente. Estos sobresaltos le produjeron tal temor, asco e indignación, que abandonó el trabajo. Era el choque con la violencia del mundo laboral. Y allí empezó a crecer su rebeldía ante las injusticias que no lograrían deteriorar su cálida humanidad.

Con la proclamación de la Segunda República, en abril de 1931, se inició un gran despliegue cultural, en el que se hallaba inserto el proceso de liberación de la mujer española. Respaldada por sus leyes, se propició la apertura a puestos de la Administración y su irrupción en otros ámbitos, antes vedados, lo que facilitaría la eclosión de una conciencia igualitaria, tanto a nivel individual como colectivo. La experiencia se encontraba en plena realización cuando estalló la guerra y ésa fue una de las claves de la apasionada entrega de la mujer en todos los frentes de la contienda que asolaba el país. La mujer, como siempre, se lo jugaba todo. Así que comprendió que no solamente debía luchar por defender sus ideas, sino también para evitar el retroceso a una sociedad de anquilosados resortes y manifiestas discriminaciones. Quizá no todas las mujeres, pero la mayoría de ellas lo tenía muy claro. Para muestra, la escalofriante expresión que de la virilidad se ofrecía en el bando franquista.

Cada hombre, siete mujeres,

para cada alférez, cincuenta,

porque para eso cada alférez

es siete hombres y una estrella.

Sara, de la mano de su padre, se incorporó al Comité Revolucionario de Les Corts, su barriada ahora, integrado por militantes de la Confederación Nacional del Trabajo, la CNT. Lo que más la admira, de entrada, es la increíble actividad que bulle en la sede de los partidos y organizaciones obreras. Aquel entusiasmo es contagioso. Así, Sara, a sus 17 años, atiende a determinadas tareas sanitarias; cose toda suerte de prendas y distintivos destinados a los milicianos de las columnas confederales que se disponen a salir hacia Aragón, a enfrentarse con las tropas fascistas y, más tarde trabaja en la secretaría del comité revolucionario de la barriada. En horas libres también será maestra de escuela primaria y estará presente en las luchas de mayo de 1937 Asiste a cursos nocturnos para perfeccionar su mecanografía y más tarde estenografía. Es alumna y maestra a la vez, arrastrada por la dinámica revolucionaria, en la que cada cual enseña lo que sabe y aprende de los demás. Más tarde asumirá un puesto en el Comité Regional de las Industrias de la Edificación, Madera y Decoración de la CNT. Como delegada de SIA (Solidaridad Internacional Antifascista) se desplazará a los frentes de guerra, visitará los hospitales y, a finales del 38, es secretaria del Comité Regional de Mujeres Libres… ¿Le viene a Sara, desde entonces, esa actividad tan amplia y concentrada, tan rigurosa en sus gestos y detalles? Su juvenil entusiasmo no la ciega hasta el punto de reconocer las dificultades de ser mujer. Cuando, por su acreditado valor, le proponen aprender a pilotar un avión, la idea la seduce. Surge entonces la negativa de su madre —su padre que la hubiera apoyado, se encuentra en el frente—. Consigue, finalmente, convencerla para que le confeccione un mono de aviadora, pero no así su novio, un maestro de escuela, que la coloca en la disyuntiva de elegir entre él o la aviación. Ante semejante ultimátum, Sara da prueba de su independencia de criterio y, decide volar. Un compañero, que no puede evitar oír la conversación, le dice:

—Individuas como tú son las que nos hacen falta.

Al oír aquellas palabras —escribe Sara— quedé muy sorprendida, lo de individua me sonaba mal. Sin embargo, creí comprender que su expresión tenía carácter de valor. ¡Qué complicado era ser mujer!»

Con esta anécdota definiría yo el temperamento de Sara: mujer con la sabiduría de la discreción, sabiendo acumular silencios y miradas, pero imponiéndose sin gestos hirientes. Restituyendo la armonía, sin transigir en lo esencial, sin el desplante, gratuito, de: «ahí queda eso» o «lo toma o lo deja».

A Sara la conocí como militante antifranquista; sabía de sus arriesgadas misiones clandestinas, en plena ocupación alemana en Francia (1940-1944), con la policía francesa —colaboradora de los alemanes— pisándole los talones. Fueron tiempos de miserias, sin haber tenido siquiera tiempo de quitarse el hambre de los 32 meses de guerra española, cuando se vió embarcada en otra. La solidaridad sería el arma que salvaría a tanta gente nuestra de la desesperación. Con su compañero Jesús, indocumentado, perseguido, apenas comprendiendo algo de francés, compartiendo a veces un jergón y una manta con otros compañeros, y la convicción de estar defendiendo la libertad perdida en España. Pero allí, en Francia era peor, porque el estigma de «rouge» español (rojo) les seguía por todas partes y los devolvió a menudo a los campos de concentración o a los de castigo.

La Sara que yo conozco, una tarde de verano de 1972, era una mujer todavía muy bella, de piel blanca, transparente, rosada y tersa, de mirada azul, limpia, dulce, alentadora. Con una sonrisa tierna, espontánea, sosegada, envolvente y de voz serena, de finos matices. Se afirmaba su leyenda: una persona que nunca te decepcionará. ¿Cómo ha podido esta mujer evitar que una vida tan agitada y adversa erosionase lo más mínimo su integridad, sin dejar de manifestarse, y tomar partido en defensa de sus ideas y de las causas humanas justas? ¿Cómo ha podido conservar su apacible y confiada humanidad ante tantas iras desatadas?

Sara desgrana su vida, rica de encuentros y de intensos contactos en “La Plaine des Astres” (La Llanura de los Astros), a pocos kilómetros de Béziers, en el corazón del Mediodía francés. Su hogar ha sido siempre el de la solidaridad, no siempre con eco perceptible. Y Sara reencarnación de una moderna diosa, símbolo de fertilidad, colabora en toda clase de tareas; desde la Colonia Española —la casa de los refugiados, que en 1939 abandonaron España—: imparte cursos de taquigrafía por correspondencia, ayuda a encontrar trabajo a los demás, a solventar la documentación de unos y otros, ante la burocracia de los consulados españoles. Al tiempo que ejerce de secretaria y administradora de su compañero artesano y, cuida de sus cuatro hijos. Y cuando se reorganizan las Mujeres Libres en el exilio, primero en Londres y luego en “La Llanura de los Astros”, Sara participa activamente, hasta el año 1974.

En la vida de Sara hay una faceta primordial, mientras colabora en tantas tareas y, sobre todo, en el seno de la organización libertaria, construye una obra poética íntima. Escribe en su idioma catalán, en español y en francés, en las tres lenguas ha recibido premios literarios. En sus poemas se presiente la relación contemplativa con la Naturaleza, su discurrir vital y el de las personas que la rodean.

En sus obras da testimonio de detalles nimios, en apariencia insignificantes, que solamente ella es capaz de captar en su genuina dimensión, con una sensibilidad que echa raíces en sus inquietudes sociales. Sara, sin pretensiones, se retrata así, al frente de uno de sus libros:

Ya ven la poetisa que soy,

sin regla ni disciplina,

pero a mí sólo me anima

demostrarme tal cual soy.

La libertad de expresión

es la fuente cristalina

que brota en el corazón.

Su poesía es la prolongación sensual que Sara mantiene con su jardín. Por la mañana se la ve, recién levantada, entre escarchas, por los parterres, descubriendo el milagro cotidiano de la Naturaleza: el anuncio de la primavera con las primeras violetas. Las olorosas azucenas. Las mimosas. La apoteosis de las rosas. Se extasía ante el esplendor de los almendros florecidos, los cerezos, los manzanos. Sara va de la casa al jardín, entra, sale, contempla, arranca hierbas, corta tallos secos, desprende hojas mustias, remueve la tierra, planta esquejes, riega… en un mudo e ininterrumpido diálogo con la Naturaleza, que luego llevará a sus poemas.

Llega con los brazos desbordados de flores, entusiasmada porque acaba de descubrir alguna maravilla. Conservo la imagen de Sara con los ojos brillantes, radiante, anunciando: «Los trigales están ya llenos de amapolas».

En su momento, las frutas y hortalizas del huerto se irán convirtiendo en confituras y conservas y toda la casa se impregnará de estimulantes aromas agridulces durante unos días. Y Sara más tarde, como siempre, irá regalándolas a sus amigos.

Con frecuencia, entra absorta del jardín directamente a su despacho, se sienta en silencio y anota sus impresiones, para retener la imagen recién aprehendida. Exultante por el renovado fulgor de la primavera, pero con la espina clavada por la doliente infancia, escribe:

Qué bella sería la primavera,

cuando se aleja el invierno!

si todos los niños del mundo

tuviesen sobre la mesa

¡leche blanca y pan tierno!

Sara nos mira desde el fondo del jardín, sonríe, y recordamos el terrible trance de su enfermedad que mutiló su cuerpo. La vimos entonces desafiar estoicamente el peligro. Y, enfundada en aquel mono azul de aviadora que le hizo su madre, cuando quería volar, Sara sobrevoló el abismo. Rescató su vida y su sonrisa alentadora, para ella y para nosotros. ¡Qué fértil puede ser una sonrisa!

Antonina Rodrigo

‘MEMORIA DE LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA.’ ENTRE EL SOL Y LA TORMENTA DE SARA BERENGUER por HELENA LÓPEZ, University of Bath